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sábado, 19 de mayo de 2012

Playa para perros La Rubina, en Girona

Ahora que se acerca el buen tiempo, el veranito, con su calorcito y la algarabía veraniega, y para todos aquellos amantes de los animales que tengáis perro y os de rabia no poder ir a la playa con vuestra mascota, os contaré que en Cataluña existe una playa que admite perros, es más, es "exclusiva" para gente que va con perros.

Es triste que en la moderna Barcelona, estandarte patrio del nacionalismo progresista de chaqueta de pana, ciudad innovadora en la creación de estereotipos urbanos que mira más hacia el exterior de nuestras fronteras que a las molestas pelusas de su ombligo, todavía no tengamos una playa donde poder acceder con nuestras mascotas. A veces me parece bien cierto lo que los Europeos dicen de España: que África empieza en los Pirineos. Pues sí, en material animalista creo que junto a Portugal estamos a la cola de nuestros socios europeos. Y junto a esa frontera africana, al norte de Cataluña, en plena Costa Brava es donde existe una extensa playa donde uno puede pasear y bañarse con sus perros. La playa se llama Playa de La Rubina, y está situada en la bella población de Castelló d'Empúries, también conocida como Empúria Brava (en Girona).

Una extensa playa de 1.800 metros que se encuadra al norte de dicho término municipal (entre el estuario de Santa Margarita y la urbanización Empuriabrava) dentro de un Parque Natural (els Aiguamolls de l'Empordà) atípico de arenales, dunas y trasdunas con sistemas lagunares. Como a mí me costó bastante tiempo encontrarla aquí os dejo la situación de la misma en un mapa turístico. Es la última de las playas de La Rubina. El acceso es casi una pista forestal en mal estado, pero se puede acceder despacito sin ningún problema con el coche y aparcar justo delante de la playa (el parking no está vigilado).



Castelló d'Empúries se caracteriza por ser una especie de Venecia a la española, una bella población costera atravesada por decenas de canales, con lo que circular en coche sin saber a dónde se va puede ser a veces un poco desesperante. Así que si tu intención es ir hacia allí imprímete el mapa que acompañamos junto a este artículo para orientarte mínimamente. No obstante preguntando por la playa de La Rubina a los foráneos llegarás enseguida. Una vez allí no dejes el coche en la parte asfaltada, verás que junto al chiringuito de la playa hay un camino, síguelo con el coche. La última de las playas (casi junto al puerto) es la que te interesa. Es curioso que cada una de las playas es temática, una para familias, otra para la práctica del Kite Surf, otra para el windsurf... y la última para perros.

Desde Barcelona son unas cuantas horitas de viaje (autopista AP-7, ni se te ocurra ir por la N-II o te tirarás todo el día para llegar), salida de la autopista nº 4, entonces sí se coge la N-II en dirección a Francia  hasta encontrar la salida de Figueres-Roses, desde donde cogerás la C-260 en dirección a Roses. Una vez allí recuerda que debes pasar por todo el centro de la población por alguna de las carreteras principales y una vez la hayas pasado empezar a buscar la playa en dirección al mar (claro, que estupidez, si lo buscas en dirección a montaña puedes aterrizar en los Pirineos...).



En general la playa está limpia, los esforzados dueños no solemos ser unos cerdos como le hacen creer al resto de los mortales (teniendo en cuenta que a los niños sus papás les hacen mear frente a una roca y nadie dice nada...); sin embargo la recogida de basuras sí brillaba por su ausencia y se amontonaban bolsas y papeles en plan montaña de excrementos... por lo demás, el agua cristalina y los perros pasándolo bien. Los que estaban acostumbrados, claro, los míos son más bien de montaña y no entendían demasiado bien el concepto de remojarse en el mar y mucho menos nadar. La verdad es que acabaron un pelín agobiados de tanto sol y tanto mar (llevaos una sombrilla y agua en abundancia para vuestros amigos peludos). 



La experiencia fue divertida pese al porrón de horas que le echamos para llegar a esta playa. Que ya es triste que en toda Cataluña sólo exista una y tenga que ser pegada ya a Francia. Que tomen nota el resto de HAY-Untamientos porque en este país, que se hace llamar europeo cuando le interesa, todavía le falta mucho para llegar a niveles como el Alemán, el Francés o el Belga. Quizás por cosas como estas el resto de europeos nos tengan más por africanos tercermundistas que por socios europeos de pleno derecho. Además es una manera de atraer turismo local en esta época de crisis!!! ¿no lo véis patanes políticos apoltronados?



Para ir una vez está bien, por la experiencia de bañarte con tu perro en el mar y pasear con él por la arena, pero para echarse tantos kilómetros como nos hicimos nosotros (ir a pasar todo el día con bocatas y todo) ... ufff. me lo volvería a pensar. Casi mejor paso un fin de semana en una casa rural en la Vall de Ribes y nos remojamos en el río, que también está muy bien!

Pero si os pica la curiosidad hacedlo, fijo que lo váis a pasar bien con vuestras mascotas y su primera reacción al ver el mar. La mía no entendía por qué el mar se llevaba su pelota (como véis en las fotos) y me ladraba como diciendo: tío! haz algo! que se lleva la pelota!

Si tenéis alguna duda al respecto ponedme un comentario y os aclaro un poco el tema ¿vale? pues eso, pasadlo bien en La Rubina!!

domingo, 26 de febrero de 2012

La adopción de animales versus la castración obligada

Como amante de los animales y propietario de varias mascotas convencionales y exóticas que merecen además de todo mi respeto los mejores cuidados que puedo ofrecerles, me veo a veces contrapuesto a las ideas y opiniones de aquellos que dicen ser veganos pro-mundo animal amantes de todas las razas de la tierra que bla bla bla (rollos jipilongos de estos, ya me entendéis).

Adopción de perros

Decía que, como propietario de mascotas y gran aficionado al mundo canino (consumidor de productos no testados en animales) siempre me he visto tentado a adoptar a otro compañero/a de fatigas con el que compartir su/mi vida. 
Entiendo que en la perrera hay cientos de perros pasándolo fatal; de hecho sólo hace falta pasearse un día por entre esas jaulas de bondadosas almas amontonadas dispuestas a darlo todo por una vida digna, mirar a los ojos de uno de esos animales andrajosos que alguna vez pertenecieron a alguien que les falló y darte cuenta de que te los llevarías a todos. 


 Esos ojos tristes que todavía no han aprendido a llorar pese a todos los fallos que el ser humano ha cometido contra ellos, esos ojos cándidos decía, expresan 100 veces más sentimientos que lo que nosotros llamamos o entendemos como amor. De hecho yo estoy convencido de que mis perros nos han querido (y nos quieren) el doble de lo que yo las he querido jamás. (Se perfectamente que si el que está leyendo estas lines no ha tenido perro quizás no logre entenderlo nunca y estará flipando un rato.)

El hecho de adoptar, además de convertirse en una necesidad, es una obligación por nuestra parte, ya sea por descongestionar las perreras como por ofrecer una segunda, tercera o en ocasiones una quinta oportunidad a un animal al que los seres humanos le hemos fallado. Piénsalo, un perro que de la noche a la mañana pasa de un sofá, o de un patio donde jugaba con su pelota y su dueño, a un recinto cerrado con olor a excrementos y con cientos de perros ladrando y aullando. Chocante. ¿Cómo te sentirías tu?

Siempre me he negado a comprar un perro, no veo bien el negocio que las casas de animales hacen de ello y la manera cómo se gestiona (falseando documentaciones para que desde las granjas de perros del este de Europa viajen millares de cachorros de dos meses a una vitrina de exposición). La lástima, la compasión por estos perrillos que cuando son demasiado mayores para ser vendidos son sacrificados o entregados a perreras me hacen sentir odio hacia los "señores" comerciantes de vidas. Pero una vez superado este rencor y consecuente con mis ideas uno se acerca a la perrera con el ánimo encendido por las brasas de la alegre convicción de que hace lo correcto ... pero se encuentra con algo con lo que no contaba: la castración.

Sí, los perros los entregan castrados y/o con una carta de compromiso de castración por parte del adquiriente si se trata de un cachorro. Ah! y tras el pago de cierta cantidad de dinero que va entre los 100 y los 200 euros. Entiendo o puedo entender los motivos por los cuales se entrega un animal joven castrado pero no los comparto. Es cierto que hay o habrá gente más o menos responsable a la hora de adquirir un perro y darle una calidad de vida decente. Pero ¿quiénes somos nosotros para decidir que él no pueda (en el caso de una perra) formar parte del proceso de la maternidad y posterior cría de unos cachorros? ¿y quiénes son los responsables de la perrera para decidir que yo tampoco podré formar parte jamás de algo tan bonito como el parto de una camada de perritos de mi perra? sí, si, de mi/tu perra, del animal que quieres como a un hijo (yo creo que más, como mínimo sabes que el animal jamás te fallará). 

Llámale egoísmo si quieres; yo creo que deberíamos compararlo al cánon digital, estamos presuponiendo que mi perro parirá sin control, que endosaré perros a todo Dios, a diestro y siniestro o que los abandonaré... y ¿dónde quedaría mi dignidad? A ver, amigos, partimos de la base de que soy consciente del problema, que he adoptado a un perro de la PERRERA, que REPITO: soy consciente del problema y no quiero formar parte de él. Dejad de presuponer y de pensar por el resto de los mortales, por favor.

Nunca me ha gustado que los demás me organicen la vida, y mucho menos que me organicen cómo vivirla junto a aquellos seres a los que quiero. Entiendo que la decisión de castrar a un animal tiene que venir de la convicción de su dueño (mis perros están y han sido castrados) y no impuesta por las instituciones. Con el paso del tiempo y ahora que una de mis perras nos abandonó hace un año y la otra está empezando a envejecer me doy cuenta del mayor error que he cometido en mi vida: no haber tenido descendencia de ninguna de las dos. Con lo cual entiendo que no volveré ni tengo intención de volver a cometer dicho error.

Y ahí es cuando choca el tema de la adopción (y la castración) con la convicción de que sí debería hacerlo, pero no por imposición, jamás. La libertad de elección y el libre albedrío no puede ser roto por la voluntad de una institución. Y os juro que adoptaría a cualquier perro ahora mismo, pero el precio que pagaremos ambos en un futuro será demasiado alto como para si quiera planteármelo.